Durmiendo
A las seis de la tarde, Marina abrió un poco los ojos, vio que él seguía ahí, a su lado, y siguió durmiendo. Todas las tardes de febrero echaban la siesta juntos, en el sofá, junto a la chimenea. Estaban abrazados y todo parecía ir bien.
Hace apenas unas horas la casa era una jaula de grillos, las amigas de Marina, los amigos de siempre, la familia,... todos menos Patricia.
La llamaron al móvil, pero nada, siempre lo mismo, el maldito buzón de voz, -No te preocupes-le decían sus amigos - seguro que al final aparece con alguna sorpresa de las suyas y se trata de una broma, ya sabes como es...
La chimenea permanecía encendida, él personalmente se había ocupado de ponerla a punto por la mañana para que no se apagara hasta muy tarde. La única luz que había en aquel salón era la de la chimenea la cual creaba unos extraños reflejos sobre sus rostros que eran muy bellos. Sí, realmente eran muy hermosos los dos, se parecían tanto... Él era ingeniero en telecomunicaciones y ella... bueno, ella era demasiado pequeña para ser algo aun. Contaba con tan solo cuatro años y era incapaz de dormir la siesta sola, tenía que dormir con su papá.
Aquel día resulto ser muy raro, estaban acostumbrados a las "gracias" de mamá, Patricia se las ingeniaba siempre para sorprenderlos y el día del cuarto cumpleaños de su hija Marina no iba a ser menos...pero esta vez, era diferente, nunca había faltado a una comida familiar y menos si era el cumpleaños de su hija. Debería de haber llegado de su viaje hacia las dos.
A esa hora todo estaría a punto en el salón familiar: cientos de globos, serpentinas, canapés, regalos por doquier... no faltaba nada, ni siquiera la piñata. Nadie le dio importancia al hecho de que Patricia no llegara a tiempo, estaban acostumbrados a su falta de puntualidad, aunque Daniel, su marido, estaba algo preocupado.
Al final de la fiesta, recogieron, cayeron rendidos en el sofá y se quedaron dormidos Marina y Daniel. Los invitados se habían marchado hacía ya un buen rato.
Él se desperezó un poco y la miro plácidamente, después miró con desgana el Rolex que le regaló su mujer por navidad y su corazón dio un vuelco de repente. Eran las ocho de la noche y él se había quedado dormido. Se despegó delicadamente de su hija y se puso en pie tratando de recuperar la consciencia,- ¿qué ha pasado?- Dio una vuelta por la casa tratando, infructuosamente de encontrar a Patricia, deseando en su fuero interno que todo hubiera sido fruto de una pesadilla y que ella se encontrara viendo la tele en la salita de la parte de arriba del dúplex que compartían desde que se casaron, hacía ya siete años. Pero no, ella no estaba arriba, ni en ninguna parte de esa casa que se le hacía inmensa sin su presencia.
Volvió a coger su móvil para llamarla pero, ¡mala suerte!, no tenía batería.
La angustia se iba apoderando de Daniel a medida que pasaba el tiempo y no encontraba el maldito cargador. En ese momento sonó el timbre de la puerta. Daniel dio un suspiro de alivio, -por fin- gritó.
Al abrir la puerta se quedó atónito, se vio a sí mismo frente a él. No podía ser, seguro que estaba soñando,- no te asustes, soy tu ángel y vengo a avisarte de que Patricia ha tenido un accidente de coche viniendo para casa, ella estará bien.
Daniel, de pronto, dio un salto fatídico del sofá que le hizo dar con sus huesos en el suelo. Estaba sudoroso y tan pálido que parecía un fantasma.- ¿Qué te pasa, papá?- le preguntó Marina-mañana es mi cumpleaños, ¿crees que vendrá mamá a tiempo?
Ahora lo comprendía todo, había sido tan solo una pesadilla.- ¡Buf! por poco me muero del susto- y con una sonrisa asintió con la cabeza a su hija, que lo miraba como quien mira a un dios, era su papá, era el sol.
Después de la siesta, todo fue normal, hicieron los preparativos para la fiesta del día siguiente y Daniel llamó a Gloria para que le hiciera de canguro por esa noche.
-Yo tengo algo que hacer cariño, mañana temprano mamá y yo estaremos aquí cuando tú te levantes, prometido.
Marina se quedó algo triste pero se conformó porque Gloria la hacia reír y se llevaba muy bien con ella.
Daniel salió de su casa un poco intranquilo, aquel sueño había sido tan real que no se lo podía quitar de la cabeza. Estuvo toda la tarde conduciendo hasta Asturias para recoger él mismo a Patricia y darle una sorpresa. Efectivamente, cuando llegó al hotel ella estaba cenando y al verlo, se levantó de un salto y le abrazó como si no se hubiesen visto en años.- Amor, cuanto te he echado de menos, anoche tuve un sueño terrible- Él no la dejó hablar y la besó largamente, después cenaron juntos. En el restaurante había una orquesta que tocaba una música muy romántica y bailaron abrazados como cuando eran novios. Más tarde salieron de la mano del hotel. Daniel no quiso esperar al día siguiente para volver a casa, además le había prometido a su hija que volverían pronto. Aunque Patricia no entendía nada, también prefería llegar a su hogar cuanto antes. Él no la había dejado terminar pero aquella tarde había tenido un sueño muy desagradable. Daniel la condujo hasta el coche, antes quería llevarla hasta aquella playa donde siempre iban tras una separación de algunos días, para ver el amanecer juntos. No se había dado cuenta de lo mucho que la quería hasta ahora y no la quería perder. Estaban felices como nunca, no existía el resto del mundo, no existían los problemas, sólo ellos. Más tarde continuaron camino de regreso a su ciudad.
De pronto, algo se cruzó en su camino en medio de la carretera, fue como un destello, como un flash.
Daniel no sabía bien que había sido, el caso fue que se salieron de la carretera chocando contra un árbol.
Eran las seis de la mañana y...todo acabó de repente. Él, muerto en el acto, ella, herida grave.
A las 8 de la mañana suena un timbre en la puerta del dúplex número 66 de la calle Paz. Un policía le comunica a la niñera que los padres de la niña a la que está cuidando han tenido un accidente de tráfico y que, aunque la mujer está herida, se recuperará, pero que el hombre ha fallecido.
Gloria se quedó encogida por el susto, pero lo más le impresionó fue el increíble parecido del policía con Daniel.



